Sacar las escobas del closet

Sacar las escobas del closet

Sacar las escobas del closet

 “Solamente en este siglo han podido las brujas “salir del armario de las escobas” y responder con la verdad a las imágenes del mal…”

Starhawk

(La frase original es “Come out of the broom closet” de Miriam Simos conocida como “Starhawk”) .

(☆)  Por Celeste Ledesma | INESI

Foto: Jimena González

¿Por qué hablar hoy de “sacar las escobas del closet”? La festividad conocida como Halloween, Samhain (fin del verano) o Víspera de todos los Santos se celebra el 31 de octubre en el hemisferio norte (en el hemisferio sur es el 30 de abril). Este día marca el comienzo del nuevo año en la tierra para la antigua tradición celta, y es el punto medio entre el equinoccio de otoño y el solsticio de invierno. Para les creyentes y seguidores de esta tradición, es el momento de pensar en nuestra cualidad de mortales; como dice Szusana Budapest es el momento en el que el velo que separa los mundos es más fino que nunca y las almas de los muertos visitan a sus familiares.

Originalmente la “fiesta de todos los muertos” era celebrada en los países de influencia celta. Se acostumbraba a dejar comida como ofrenda en los altares o en la entrada de las puertas para los “curiosos muertos”. Velas encendidas y dejadas en las ventanas se decía que ayudaban a guiar a los espíritus, también se ponían más sillas en las mesas para les invitades invisibles, además se depositaban manzanas en los caminos para los espíritus perdidos o para los que no tenían descendientes.

Pero, este Sabbat – celebración- se transformó en una buena excusa para comercializar diversos productos vinculados a las brujas, profundizando también los prejuicios y transmitiendo a les niñes una mirada distorsionada de esta tradición, que es valorada y respetada por muches en el mundo.

Si observamos la historia, las brujas, transmisoras de saberes heterodoxos, no siempre fueron consideradas fuentes del mal, en épocas y sociedades diversas desempeñaron una función social de mucha importancia. Sin embargo, la inmensa mayoría de documentos históricos y la literatura que habla de ellas no fue escrita por sus protagonistas, sino por varones que, en muchas ocasiones, tenían la intención de ridiculizarlas públicamente, o simplemente exterminarlas.

Las brujas de los cuentos

“Las brujas tienen ojos rojizos y son muy cortas de vista; pero, en cambio, su olfato es muy fino, como el de los animales, por lo que desde muy lejos ventean la presencia de las personas…”

Juanito y Margarita (Hansel y Gretel) J. Y W.  Grimm

Etimológicamente la palabra bruja tiene un origen incierto, el término italiano strega viene del vocablo latin strix “pájaro nocturno”, aunque el origen de la palabra también es dudoso. Los vocablos ingleses rizar/witch derivan del sajón wicca/wicce, que corresponden a “sabia/sabio”. En latín, las brujas eran denominadas maleficae, término que se utilizó para designarlas durante la edad media en Europa. El modelo de bruja y su fisonomía se fueron definiendo, según estereotipos aún difundidos, a partir del siglo XIV, coincidiendo con el inicio de la gran persecución conocida como “inquisición”. El momento de gran cacería fue entre los siglos XIV y XVII, a partir de la segunda mitad del siglo XVI católicos y protestantes coincidían en la persecución total de la brujería y, por lo tanto, de las brujas.

La antropóloga Margaret Murray sostiene que la imagen de la bruja volando sobre la escoba se explica por el hecho de que la escoba es un instrumento utilizado en la casa dominio de la mujer.  El equivalente masculino sería el horcón. También en los grabados de la época se observa a las brujas volando sobre el lomo de animales, en los interrogatorios que les hacían a las mujeres los inquisidores acompañados por médicos les pedían detalles de las modalidades de sus viajes nocturnos.

Pero, ¿qué mujeres fueron las que forjaron los primeros eslabones conocidos de una cadena que se ha mantenido viva durante milenios?, ¿cómo eran?, ¿viejas, jóvenes, niñas, pobres, ricas, solteras, casadas, viudas? De acuerdo a diversos estudios realizados podemos decir que las brujas eran personas de clases sociales marginales contra quienes se proyectaba la agresividad de una sociedad conmocionada por batallas, enfermedades y todo tipo de acontecimiento que se consideraba provenía de una entidad maléfica.

Algunes autores sostienen que la mujer estaba considerada como un “instrumento del diablo” y, por lo tanto, conducía a los varones hacia el pecado y la perdición.  Sabemos que la demonización de lo femenino es antiquísima: ya en la Biblia aparecen referencias concretas de machismo y persecución con indicaciones puntuales de cómo comportarse con las brujas: “No dejarás vivir a aquella que practique la magia” Éxodo (22,17).

Por otra parte, San Pablo en la primera carta a Timoteo escribió: “La mujer escuche la instrucción en silencio en total sumisión. No permito a la mujer enseñar ni dictar ley al hombre, permanezca en silencio. No fue Adán quien fue seducido e inducido a la transgresión” (2, 11-14). Para la moral cristiana medieval, la sexualidad y los amores ilícitos estaban favorecidos por Satanás, y se les atribuía a las mujeres; en todas las acusaciones de brujería existió un fuerte componente sexual.

De acuerdo a lo que escribieron los inquisidores, era muy importante observar el linaje. Si el fenómeno era hereditario y tenía mayor poder la bruja, decían en el Malleus Maleficarum o el “Martillo para golpear a las brujas”: “la experiencia demuestra siempre que las hijas de las brujas tienen fama con argumentos parecidos de imitar que los delitos maternos y que casi toda la descendencia está infectada…” (Libro II, cap. XV).

Las nietas de las brujas

La escritora Silvia Federici explica que esta caza de brujas fue una herramienta del incipiente capitalismo para atemorizar a las mujeres, que gozaban de cierta libertad en el campo, y encerrarlas en sus casas para que se encargasen de la reproducción y el cuidado de sus familias. Para la socióloga, que las mujeres se ocupasen de forma gratuita de la crianza fue esencial para que la revolución industrial prosperase, porque las fábricas necesitaban gran cantidad de mano de obra y de trabajadores, y, por lo tanto, necesitaban que la natalidad aumentase.

Hace 10 años atrás debatíamos en los círculos[1] de mujeres sobre los cuidados que deberíamos tener para no exponernos demasiado a las miradas y opiniones de otres, también lo debatimos dentro de los feminismos. De a poco fuimos incorporando los aportes de las ecofeministas y de las tradiciones antiguas que honraban a una Diosa mujer, leíamos los aportes de la arqueóloga Marija Gimbutas, quien a partir de sus investigaciones encontró imágenes de diosas y consiguió pruebas de la existencia de la Cultura de la Diosa Madre en la vieja Europa. También recuperamos los aportes de los feminismos latinoamericanos y los rituales ancestrales de las comunidades originarias de nuestra Abya Yala.

Luego del estallido de las marchas feministas y disidentes (2015), y junto a la divulgación de la tesis de Silvia Federici “Calibán y la bruja” (2004), hubo una incorporación casi inmediata de les jóvenes bajo la consigna “somos las nietas de todas las brujas que no pudieron quemar”. Las calles se vieron repletas de velas y sahumadores, humo y fuego, rituales y aquelarres que trajeron las almas de las mujeres perseguidas, violadas y torturadas desde la llamada inquisición hasta la actualidad. El patriarcado tiene miedo de nuestra potencia, teme vernos entre humos por las calles, no soporta que las escobas sobrevuelen sobre sus cabezas, no tolera los calderos encendidos, no quiere que digamos en voz alta “mi cuerpo es mío” y “la maternidad será deseada”.

Reivindicar a las brujas de todos los tiempos como feministas es un acto de justicia, limpiar con las escobas el miedo, la vergüenza, el “qué dirán”, sahumar las heridas, ungir las pieles con aceites de hierbas que calmen el dolor, encender velas en todas las direcciones para recordarlas.

[1]Las reuniones en círculo entre mujeres remiten a encuentros que han tenido lugar desde el principio de los tiempos en las aldeas y comunidades indígenas. Inspirados en los antiguos círculos de abuelas sabias. Una de las pioneras en sumarse al movimiento moderno de retomar los antiguos círculos es la psiquiatra y analista junguiana Jean Shinoda Bolen.

(☆) Celeste Ledesma es Licenciada en Ciencias Sociales, Especialista en Políticas Públicas, Profesora Universitaria, Forma parte de los círculos de mujeres hace más de 10 años, Tarotista y parte del Equipo INESI.

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