Día de les escritores

Día de les escritores

Día de les escritores

“Conversar, es encontrarse con la alteridad y eso requiere de preparación (interior y exterior). En el medio de este contexto tan conmovedor, disponerse a con-versar es dejarse atravesar por la palabra de quien se comparte a esa experiencia amorosa. Con-versar con una amiga es aún más movilizador, porque sobre todo después de ese encuentro ni ella ni yo, somos las mismas…”

Por Cynthia Rodríguez(☆) | para INESI

Mariana Bolzán (☆☆), escribe y es comunicadora. Cuando alguien le pregunta a qué se dedica responde eso. “Mi modo de estar en el mundo es escribir. En donde estoy, en los lugares por los cuales transito, me he dado cuenta que estoy todo el tiempo pensando en la comunicación, es como una virtud (o un defecto) de la profesión. Estoy todo el tiempo pensando en la comunicación, ni siquiera en el sentido laboral, sino en un sentido vital.”

Nos encontramos con ella para que nos comparta su recorrido en relación a la lectura, la escritura y su relación con los “libros” a propósito del día del escritore y día del libro. 

-¿Dónde identificás la procedencia por este gusto por la palabra escrita, o ha sido una búsqueda singular más propia?

Podrían ser las dos cosas.  Lo identifico primero en mi papá: ahí está el germen. Él era el que me regalaba libros, el que me incentivaba, el que laburaba conmigo algunas cosas y después está mi mamá que es de un universo distinto, del mundo del quehacer, más pragmática. Ella me transmitió una cosa muy hermosa que es el fetiche por las palabras. Desde que era chiquita me nombraba el mundo con palabras difíciles, raras, antiguas, atemporales, graciosas o puestas en un lugar donde no iban: “Mariana, no seas tan díscola, querés” y yo me quedaba dura, sin entender quizá, pero sabiendo en el fondo de mí la fuerza sonora de esa palabra. Después, el diario íntimo fue un gran ejercicio de escritura. El primero que me regalaron fue a los 8 años, que todavía lo tengo. Fue un ejercicio de introspección para poder ponerle palabras a lo que me pasaba en ese momento: las problemáticas de la escuela, de mis vínculos, la relación con mis viejos. El diario íntimo fue un gran aprendizaje, es una de las herramientas más poderosas de escritura porque termina siendo un interlocutor. Y vas construyendo algo que nunca es lo que pasa porque nunca la palabra es la cosa, pero sí construís algo. La vida es materia de literatura, el diario íntimo fue ese proceso.

-Como un dispositivo de transformación, ¿no?

-Sí, sin lugar a dudas. Incluso hay un arco de la vida en ellos. Después cuando terminé la secundaria, continúe escribiendo en cuadernos, pero no tan explicativos o referenciales porque empezó a aparecer la metáfora y la cosa más compleja de la adolescencia y la juventud, ahí empecé a escribir poemas. Ya en la facultad, formalicé un montón de cosas porque podés ir armando tu propio recorrido, tu corpus de lecturas.

-Ahora que estás haciendo una línea de tiempo más biográfica y tu relación con la lectura y la escritura, recuperando esto que decís de la “formalización” que se va dando en el proceso de producción, ¿cómo es tú proceso creativo y de producción de los textos?

En la facultad, como te venía diciendo, tenés muchas posibilidades de recorrido… Mi historia con la escritura no hubiera sido la misma, sino me hubiera encontrado con el Prof. Arturo Firpo, que de un momento para el otro nos propuso hacer cosas “muy locas” e hicimos un proyecto de extensión que se llamaba: “Poesía en la calle”. Y ahí hubo un quiebre, me encontré con cosas que tenían que ver más con lo performático de la palabra y con otros autores. Eso fue una gran escuela, que vino de la mano de la universidad pero no fue precisamente en la universidad.

En relación al proceso creativo, todas las veces es diferente, no hay una sola manera. Me ha pasado que he estado mucho tiempo con un texto rumiándolo y sin saber muy bien que palabras le van, lo que busco quizá del orden de la palabra, es del ritmo; y después pasa algo que hace que la encuentre. Lo ando amasando por unos días hasta que siento que algo pulsa adentro y hace que encuentre la palabra que le corresponde.

-Entonces podríamos decir, que tu proceso tiene que ver más con la fibra más íntima tuya…

Sí, es bien orgánico. Pero también, yo soy trabajadora, entonces me ha sucedido que han salido grandes textos en otros procesos, como por ejemplo de una fecha de entrega para un concurso, de una fecha para cerrar un libro, y esa presión me pone en otro lugar y también puedo producir ahí. El proceso es muy situacional y contextual. La única regularidad que puedo decirte es que necesito tiempo y espacio. Yo escribo cuando estoy sola.

-Hay un ejercicio contemplativo entonces…

Sí claro, es muy de la intimidad, admiro mucho a la gente que pueden escribir en cualquier lado, en cualquier lugar. Yo no puedo: necesito tiempo, espacio y soledad. Mi escritura es una expresión de la intimidad, es muy difícil que pueda escribir estando con otrx, lo siento en el cuerpo, me molesta, no puedo.

-Además, como venís diciendo hay una búsqueda muy precisa de las palabras y para eso se necesita concentración…

Sí yo me siento muy artesana en ese sentido. Puedo resolver más rápido otras cuestiones con las palabras que tienen que ver con mi trabajo, por ejemplo. Pero no mis textos.

-Volviendo al proceso de formalización de escritura, en el año 2019 publicaste tu primer libro: Un rayo en el mundo. Me gustaría que puedas compartirnos que es lo que te regaló esa publicación.

Esos escritos no eran un libro, hasta que alguien me propuso que lo fuera. Y ahí es cuando empecé a juntar textos que estaba escribiendo en ese tiempo y me di cuenta que ahí había un libro. El libro habla de un tiempo vital, de una separación, de un duelo, de una pérdida, pero también de recomienzo. Son todos textos nacidos del mismo proceso.

Una vez que salió, el libro fue un movimiento de un gran movimiento. Lo que me regalo fue la posibilidad de reafirmarme en mi palabra. Poder decir: esta es mi palabra, esta soy yo en la palabra, esto es lo que tengo para decir. Así que el regalo es ese.

-En relación al ejercicio de escritura y usar las palabras como forma de vida, ¿ves una distinción de género en el círculo de la escritura literaria?

Yo creo que soy contemporánea a un tiempo más auspicioso en ese sentido. La mirada está puesta sobre las mujeres y las disidencias. Yo entro en este tiempo. Creo que, más allá de las innumerables injusticias que aún perviven, ya el mundo es otro, mucho más amable en relación a esa distinción que mencionás. Hay otras condiciones de época. Siento que las mujeres y disidencias están tomando la delantera en la narrativa, por ejemplo que antes sí era terreno por excelencia de los varones.

A nosotras siempre se nos vinculó con la literatura más de corte confesional, autobiográfica. El foco ahora está puesto por fuera de lo que se dice que es la “sensibilidad femenina” que rompe todos los esquemas, eso para muchxs es un lugar incómodo y genera incomodidad. Pues bánquenselo, señores, y abran cancha.

-En síntesis, un poco ya lo fuiste diciendo pero: ¿Por qué escribir? ¿Por qué escribir poesía?

En principio puedo decir porque no puedo pensarme por fuera de la escritura y en mi caso es un movimiento corporal. Escribir es un movimiento hacia algo que está más allá de mí. Y escribir poesía: por cosas muy similares, hay cuestiones que salen con la voz de la poesía y otras desde la narrativa. Son dos esquemas que responden a dos necesidades distintas, en mi caso: la poesía es, por así decirlo, mi lengua madre y la narrativa es con la que cuento el mundo o construyo ficción.

☆Cynthia Rodríguez es Docente, feminista, artista diversa, integrante de INESI.

☆☆ Mariana Bolzán es Escritora y Comunicadora Social. En 2019 publicó su primer libro de poemas Un rayo en el mundo —Ana Editorial—. Obtuvo el Premio Provincial de Poesía Juan L. Ortiz en su edición de 2018.  Fue periodista en cultura y sociedad. Publicó en medios de Entre Ríos, Buenos Aires y Santa Fe. Investigó sobre periodismo narrativo.

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