LO QUE EL CORONAVIRUS NOS TRAJO: QUE EL MIEDO NO TAPE LA SOLIDARIDAD

LO QUE EL CORONAVIRUS NOS TRAJO: QUE EL MIEDO NO TAPE LA SOLIDARIDAD

Lo que el coronavirus nos trajo: que el miedo no tape la solidaridad

Por Laura Luján (*)|para Inesi
La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró hace unos días que la infección causada por el coronavirus ya puede definirse como una pandemia y alentó a todos los países a tomar las medidas adecuadas para prepararse ante lo que podría advenir. Sin embargo, lo que debemos considerar de esta declaración habla de la magnitud y no de la gravedad, como afirmaba Marcelo Vila, asesor subregional del Cono sur en la OPS.

Quizá sea sobre esto último que debamos reflexionar, en términos del significado de esta palabra en cada uno de nosotres, para no quedarnos sólo en el miedo, sino tratar de pensar y tramitar este afecto de otro modo.

La palabra pandemia nos remite a aquello sobre lo que estamos anoticiados, pero fácilmente olvidamos; en ultima instancia de no ser así, la existencia se nos haría casi insoportable porque somos seres finitos.

Este acontecimiento llamado pandemia, se ha instalado desde hace unas semanas y lo que nos provoca es que nos confronta con la idea de la muerte: de una manera atroz, donde el miedo y el pánico pasan a tener niveles desproporcionados y así, sin más, de un día para otro pareciéramos despertar; y ese despertar colectivo trae consigo diferentes emociones y percepciones que serán distintas en cada une de nosotres.

Sabemos que el miedo es una reacción, un sentimiento humano, pero fuertemente trazado por lo cultural. También es cierto que hay determinados momentos o situaciones epocales, en los que esos “miedos” pueden mutar rápidamente a “sentimientos de pánico”: ahí es donde el camino se empieza a empantanar, desatándose una serie de reacciones en cadena dentro de una sociedad o cultura. Si a ello le sumamos el impacto que tienen los medios audiovisuales y de comunicación, con la saturación de imágenes que se repiten hasta el hartazgo, el panorama empieza a oscurecerse y el tejido social comienza a eclosionar. Y así vemos como la población se avalancha en la toma de medidas centradas en esa emoción que pareciera regirnos.

Han sido noticia estos últimos días las largas colas en los supermercados, la fiebre consumista de aquellos productos de higiene y alimentación envasada, con el consiguiente desabastecimiento que ello acarrea. Esto, de alguna manera, nos habla de cómo nos cuesta pensar en une otre, de lo poco empatiques que nos volvemos en estos momentos, porque lo que impera es una suerte de ¡sálvese quien pueda!

Es importante tratar de diferenciar y situar que no estamos negando que el miedo sea un mecanismo racional y pertinente para ponernos a resguardo, pero sí enfatizar que lo desmesurado de esta reacción provoca una serie de preocupaciones que desbordan a les sujetes, y que pueden traer efectos negativos en el bienestar psíquico y físico, ya que los pensamientos aumentan de manera invasiva, pudiendo aparecer sentimientos de inquietud, ansiedad, angustia e irracionalidad que no colaboran para nada en los modos de respuesta a dicho acontecer.

Nuestras sociedades, desde este lado de Occidente se organizan de acuerdo a un modelo de producción económico y social, que obtura el lazo con el/la/le otre. El discurso amo, el discurso capitalista es el que nos dice cómo y de qué gozar, e instituye una idea de consumo masivo, que insta a lo individual -en detrimento de lo colectivo y del lazo social- que es solidaria y se enlaza rápidamente a la idea caótica de que los demás no importan y que la preocupación solo pasa por mí, lo cual provoca mayor fragmentación y más aislamiento.  Tenemos que hacer el esfuerzo de pensar cómo nos cuesta el salirnos de nuestra propia burbuja: tendríamos también que dejar de estar tan centrades en nosotres mismes, y si alguien tose en la calle o en el colectivo, no proyectar inmediatamente una desgracia, ni responder con violencia. Buscar cómo colaborar con otres, ocuparnos, tratar de sostener las redes de afecto y cuidado mutuo.

Entonces la recomendación para estos tiempos de coronavirus: menos pasión, más razón. Evitemos sufrir innecesariamente y preocuparnos de manera desmesurada, mantengamos la calma tomado todas las medidas de cuidado y afecto hacia nosotres mismes y hacia les demás.

Bibliografía

https://www.pagina12.com.ar/251778-coronavirus-como-los-medios-fomentan-la-paranoia

https://www.pagina12.com.ar/253136-coronavirus-una-poblacion-con-miedo-no-ayuda-a-abordar-la-si

(*) Laura Luján es Licenciada en Psicología y parte del equipo INESI.

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